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miércoles, 26 de marzo de 2014

Te echo de menos

Dicen que los huesos de la tierra recuerdan los pies que anduvieron sobre ellos, si esos pies pertenecieron a un gran espíritu. Yo sé que las piedras del Norte, recuerdan tu silenciosa pisada en su piedra de mármol y todavía la cantan al llegar el alba. Sé que allí escucharé tus pasos. Te echo de menos. Te echo tanto de menos todavía...

El lenguaje secreto del Jin-S'hei

Decisiones


El peso de nuestras decisiones es inmenso, su amplitud infinita, como la de un océano cuyas olas superficiales esconden y desvelan los profundos movimientos del fondo. Pero en la ola que me lleva, mis movimientos me pertenecen; aunque termine vencida, nada podrá impedir que el breve instante en el que he luchado por triunfar sea enteramente mío, y no de unas fuerzas insensibles.

El universo puede aplastarme, pero no lo sabe. Y una victoria sobre él es infinita, porque pienso, porque deseo.


Simone de Beauvoir


domingo, 23 de marzo de 2014

El hombre...


El hombre es el único animal que se crea necesidades que nada tienen que ver con la subsistencia del individuo y con la reproducción de la especie. No le basta comer para alimentarse, sino que condimenta los alimentos, de modo que añadan placer a la satisfacción de su necesidad. No le basta vestirse para abrigarse, sino que añade, a esta función tan elemental, la exigencia de confeccionar su ropa con determinadas forma y colores. No se contenta con cobijarse, sino que construye edificios con líneas armoniosas y caprichosas que exceden de su necesidad: lo cual no ocurre con la guarida del zorro, la madriguera del conejo o el nido de la cigüeña. ¿Hay algo más inútil que la corbata que lleva usted puesta? ¿De qué le sirve al estómago una salsa cumberland o un chateaubriand a la Périgord? ¿Qué añade al cobijo del hombre el friso de una escayola o las orlas en forma de signos de interrogación de los hierros que sostienen el pasamanos de una escalera? Pues bien: todo eso que está inútilmente «añadido a la pura necesidad»… ¡ya es arte! La gastronomía, la hoy llamada alta costura y la decoración son las primeras artes creadas por nuestra especie, porque representan los excesos inútiles añadidos a las necesidades primarias de comer, abrigarse y guarecerse.

En el momento mismo en que el espíritu creador del hombre se despegó incluso de la necesidad primaria para producir sus lucubraciones, nacieron las grandes Artes: la Poesía, la Danza, la Música y la Pintura.

Considero a la Arquitectura, como a la Gastronomía, un añadido inútil a una necesidad «primaria». La Danza en cierto modo, también tiene este lastre, pero se aleja más de la necesidad. Es… ¿cómo explicarme?, una… una… ¡una mímica sublimada! ¡eso es lo que quería decir! Tal vez la Danza sea anterior al lenguaje y tuviera en sus orígenes una intencionalidad práctica: con carga erótica, reverencial o religiosa. ¡Yo no estaba allí, y no se qué «intencionalidad» tenía! Pero no hay duda de que encerraba «un propósito», encaminado a la consecución de un fin. No sé si me explico, pero la intencionalidad es algo muy superior a la «necesidad primaria». Está ya directamente relacionada con el juicio y la voluntad. «Quiero esto y voy a demostrarlo con gestos y ademanes rítmicos.» ¡Y la Humanidad se puso a danzar! ¡De ahí a la Paulova o a Nureyev no había más que un paso! La Pintura pertenece a un género superior. ¡Es más inútil todavía! Tiene un lejanísimo parentesco con la escritura ideográfica, mas una vez añadida su carga de inutilidad, la distancia entre lo necesario y lo que no sirve para nada, se hace tan grande, que la considero entre las primeras de las Artes Mayores.

La poesía es paralela en méritos a la Pintura, aunque un tanto más inútil todavía. ¿Qué quiere decir, o para qué sirve decir:
Mi corazón, como una sierpe
se ha desprendido de su piel,
y aquí la miro entre mis dedos
llena de heridas y de miel?
Ni el corazón tiene una piel como la de las serpientes que se la cambian cada temporada como las modas de las mujeres, ni los ofidios ni el corazón acostumbran a impregnarse del zumo de las abejas; ni hay hombre que pueda contemplar víscera tan delicada entre las manos: pues si estuviese vivo moriría en el intento; y si muerto, no podría contemplarla. ¡Y sin embargo este poemilla de García Lorca es arte puro!
»Queda, por último, la Música. ¿Qué mayor inutilidad que unir unos ruidos con otros ruidos que no expresan directamente nada y que pueden ser interpretados de mil distintas maneras según el estado de ánimo de quien los escuche? ¿A quién alimenta eso? ¿A quién abriga? ¿A quién cobija? ¡A nadie! La Música es la más inútil, biológicamente hablando, de todas las Artes y, por ello, por su pavorosa y radical inutilidad, es la más grande de todas ellas; la menos irracional, la más intelectual, la más espiritual, la más humana, en tanto que esto signifique superación de los seres inferiores. Porque lo cierto es que hay quien entiende, ¡equivocadamente, claro está!, por «humano…».

Torcuato Luca de Tena

lunes, 10 de marzo de 2014

Nada hay eterno...


Cada flor tiende a ser fruto, cada mañana tiende a convertirse en noche, nada hay eterno en esta tierra, excepto el cambio o la huida. También el verano más hermoso quiere sentir alguna vez otoño y lo marchito. Mantente, hoja, quieta y con paciencia, si intenta el rapto alguna vez el viento. Juega tu juego sin nunca defenderte, deja que tranquilamente ocurra, y por el viento que te arranca déjate soplar hacia tu casa.

Hermann Hesse

domingo, 9 de marzo de 2014

Mi querido amigo



Mi querido amigo:

Otra vez herido, otra vez sufriendo. ¡Ay, Señor! Tantos años juntos y sigues sin hacerme caso. Tú siempre tan ingenuo, tan loco, tan impulsivo y tan sensible.

¿Cuándo aprenderás a pensar, a razonar? ¿Cuándo pensarás las cosas no dos veces, sino una tan solo antes de actuar? ¿Alguna vez olvidarás tus impulsos y me harás caso?

Ay, mi loco amigo, tan iluso, tan lleno de sueños y de decepciones, eterno alumno de la vida que nunca termina de aprender. Si tú quieres yo te enseño a ver las cosas de otra manera. Si lo deseas, ven a mi y cuéntame antes de dar uno más de esos pasos que das a ciegas guiado tan solo por eso que yo no comprendo y que tú llamas sentimientos.

No sabes, mi querido amigo, cómo me molesta verte volver herido, cómo me altera que cierres tus oídos a mis consejos, como me fastidia que tropieces una y otra vez en las mismas piedras. Jamás me has hecho caso, sé que jamás me lo harás, y se también que volverás a creer en cualquiera, y que olvidarás los engaños, y que otra vez perdonarás y que seguirás eternamente desoyendo mis consejos.

Ay, mi querido amigo, ¿Cuándo aprenderás a razonar en vez de intuir? ¿ Cuándo pensarás en lugar de sentir? Que difícil es compartir el mismo cuerpo y el mismo ser siendo ambos tan diferentes, que difícil entendernos, llamándote tú corazón y yo cerebro.


Desconocido

sábado, 15 de febrero de 2014

Silencio


Muchos afirman -comenzó Alice Gould con aire distraído y distante- que el hombre ha matado el silencio. Es muy injusto decir eso, porque el silencio ¡no existe! A veces huimos de la gran ciudad para escapar del bullicio, pero no hacemos sino trocar unos ruidos por otros. Cuando se acercan las vacaciones, deseamos conscientemente cambiar de ocupación: la máquina de calcular, por la bicileta; o la de escribir, por el arpón submarino. También de un modo consciente deseamos cambiar de paisaje: la ventana del inquilino de enfrente por la montaña, el campo o la playa. Pero de una manera inconsciente, lo que anhelamos, sin saberlo, es cambiar de ruidos: el bocinazo, el frenazo, el chirriar de las máquinas, las radios del vecino, por otros menos desapacibles como el rumor del viento entre los pinos o la honda y angustiada respiración del mar.
(...)
He aquí la palabra, "silencio", que el hombre ha inventado para expresar una realidad que no ha experimentado jamás, para decribir lo que nunca ha conocido: porque todo en él y alrededor de él es un cúmulo de mínimos estruendos. Y la voz que sonó una vez no se pierde para siempre. La vibración de la onda sonora se expande y aleja, pero permanece eternamente. Esta conversación que estamos teniendo, doctor, existirá en el futuro en algún lugar lejano.

Torcuato Luca de Tena